José Emilio Pacheco y la sangre derramada

Jose Emilio PachecoLa semana pasada José Emilio Pacheco (México DF, 1939) recibió el XVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. A lo largo de 50 años de intensa producción artística, Pacheco ha ejercido todos los géneros literarios posibles con agilidad, inteligencia y destreza. Aquí señalo sólo un aspecto de esa oeuvre que siempre me ha llamado la atención como lector y como académico: la sangre derramada.

Mi primer encuentro con su obra marcó de algún modo permanente mi lectura posterior de sus obras porque siempre que hojeo sus páginas me encuentro ante un profeta que reclama la justicia para los vencidos, que aboga a favor de la misericordia y el amor fraternal. En Morirás lejos, periplo poético-narrativo en el que se traza una historia de la crueldad, del genocidio y de la resistencia, se contraponen la perspectiva macrocósmica que abarca siglos de historia judía y la visión intimista que no deja de reconocer que toda tragedia tiene un cariz humano.

…que nadie o casi nadie entre quienes morirán lejos de los lugares donde nacieron y han vivido admite la realidad del exterminio lo prueba la confusión babélica de objetos que se acumulan en el vagón y dificultan aun más el encontrar un sitio para sentarse;
muebles valijas bicicletas cajas de libros despertadores gramófonos instrumentos musicales cuadros retratos máquinas de coser lámparas ollas; cuando Alguien recuerda todo esto le duele en especial la presencia incongruente de los ositos de felpa las muñecas los cuadernos de dibujo los cochecitos a que se aferran sus dueños (87).

Luego me topé con versos que revelaban un afán parecido. En “Fin de siglo” Pacheco condena la violencia que caracteriza no sólo el siglo XX sino también los siglo anteriores–pensemos siquiera en la Inquisición– (“¿A nombre de qué puedo condenar a muerte / a otros por lo que son o piensan?”) para luego complicar este sentimiento de ultraje e indignación con la responsabilidad ética de enfrentar la maldad (“Pero ¿cómo dejar impunes / la tortura o el genocidio o el matar de hambre?”). Y no olvidemos el poema “Los vigesémicos”, en el que el poeta lamenta el lastre de las ideologías: “Cuánta sangre / la derramada en esta tierra. / Y todos / dijeron que mataban por el mañana: / el porvenir del azogue, la esperanza / que fluyó como arena entre los dedos. / […] Bajo el nombre / del Bien / el Mal se impuso.” Desde luego, la misma corriente temática subraya sus cuentos. El que más vinculo con esta vertiente humanista es “El torturador”, cuento magno que se ahonda en el alma del verdugo, dejando a un lado la historia de la víctima, para mostrar así como lo hizo en Morirás lejos que todo ser humano cuenta con la capacidad innata de traicionar, herir y destruir.

Lo más probable es que esta lectura que hago de Pacheco sea reductiva y parcial. Pero a final de cuentas, todas las lecturas lo son. Si bien encajo al autor dentro de un limitado marco de referencia temática es porque él, junto con Carlos Monsiváis en el género cronístico, es quien se ha destacado mejor entre la filas mexicanas como la voz de la conciencia humanista. Porque siempre hay necesidad de quienes abogan tanto por los altos valores estéticos como por los altos valores humanos.

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